Consideraciones sobre los sucesos en el este de Ucrania y ciertos aspectos de las izquierdas

El conflicto en Ucrania sigue acaparando gran atención. No es para menos.
Muy lejos parecen quedar los inicios de la protesta en Maidan. Más lejos quedan las dos presidencias anteriores al depuesto Yakunovich, que tuvo que huir de Kiev con su familia en medio de las protestas en la ya famosa plaza. Los dos presidentes anteriores se dejaron ver en y con los de Maidan.
Esa plaza donde se pudo ver hasta una gran catapulta de madera elaborada por los manifestantes. Plaza donde fueron muchos “europeístas”, “demócratas” y “progresistas” los que fueron a protestar junto a ultra-nacionalistas ucranianos y nazifacistas ucranianas. De hecho hasta los anarquistas ucranianos quisieron ir a protestar pero no les dejaron porque se les asociaba con ser “bolcheviques” y por lo tanto “prorrusos”, hecho que sería cómico sino fuera por todo lo que había detrás y lo que se ha desarrollado. Las banderas rojinegras debe ser que confunden, ya sean nazifacistas y anarquistas ucranianos o falangistas y anarquistas españoles, pues hay muchos hechos históricos hasta el presente, como el que unos anarquistas se quieran unir a una protesta liderada por la ultraderecha más cerril, que superan la lógica.
Todo eso que parece fue en otra época fue ayer. Es tan reciente y a la vez se trata ya como si fuese hace tanto tiempo que da mucho que pensar.
Lo que paso desde que los de Maidan consiguieron sus objetivos en Kiev conviene repasarlo.
Por un lado, tras la victoria los sectores más capitalistas y otánicos se empezaron a quitar las caretas que malamente llevaban puestas durante las protestas. Otros, que ni eso, abiertamente desfilaban como sus antecesores políticos allá por los años de la IIGM, y no se cortaban siquiera en sus comentarios antisemitas. Gracioso ver como estos agentes del sionismo, que con respeto y cuidado se referían y trataban con Israel, aparecían después tan antisemitas. Y más aun que esos comentarios y hechos pasasen totalmente inadvertidos y sin crítica ya no por Israel sino por los medios de comunicación afines que tan rápidamente intentan hacer pasar por antisemitas precisamente a los que no lo son.
En el terreno socio-económico poco que decir: relación y negociación conflictiva con los vecinos rusos algo sabido de antemano, y por otro lado, puertas abiertas para el FMI, BM y semejantes. Los oligarcas ucranianos, esos que como sus compadres rusos al otro lado de la frontera se hicieron de oro a costa del colapso de la URSS, la consecuente desgracia para su patrimonio público-estatal y la desgraciada ruina de sus pueblos, se pusieron abiertamente y sin complejos donde ya estaban: arriba del todo, dominando como señores feudales rodeados de la más avanzada tecnología y medios pero con la misma mentalidad y relaciones que hace siglos.
En el terreno político es donde el asunto se va complicando. Aparte de las guaridas históricas de los nazifascistas como Galitzia y alguna otra zona al centro y al oeste del mapa, en el resto de Ucrania la situación era menos clara.
De repente Crimea se convirtió en el asunto crucial para todas las partes. Las bases navales rusas, legalmente estipuladas por convenios internacionales hace mucho ya firmados, estaban en el centro de esa atención. Estaba claro, dejando aparte todo lo que pasaba en el resto de Ucrania, que si Rusia podía ser expulsada de dichas bases la victoria para EEUU-OTAN seria enorme. Una serie de maniobras, contramaniobras por ambas partes, de negociaciones, de fechas de referéndum y más se sucedieron. Todo ello aderezado con la propaganda de que los soldados rusos invadían Ucrania, que habían tomado Crimea, etc. Al final los prorrusos llevaron a cabo y ganaron el referéndum en la península de Crimea, que desde entonces vuelve a ser parte del territorio del estado ruso. En Rusia la mayor amenaza directa, que era que se rompiesen los acuerdos y se perdiese el control de las bases suponiendo ello la retirada de la flota del báltico de las mismas, había sido evitada.
Pero cuando parecía que todo iba a quedarse en eso y que poco a poco la cosa se relajaría el desarrollo de los hechos rompió todos esos pareceres.
En el este de Ucrania rápidamente se extendió un movimiento diverso, plural, heterogéneo que parecía tener algo en común: el rechazo a los nuevos “gobernantes” en Kiev, neofascistas y nazis muchos de ellos, en lo que llamaban “la Junta” (termino que recuerda a las juntas militares fascistas sudamericanas apoyadas por los EUA).
Inmediatamente fueron calificados por los medios como prorrusos. Lo cierto es que en muchas, casi todas, de las manifestaciones en el este de Ucrania se veían numerosas banderas rusas con lo que la labor de manipulación mediática la tenían más fácil. En ese movimiento fue surgiendo la organización interna, y poco a poco surgieron ideas, propuestas, líderes. Y, en general, se fueron definiendo oficialmente como federalistas. Con razón venían a decir que ellos importaban poco o nada a los de Kiev, que no tenían voz, y que además ellos querían tener poco que ver con unos neofascistas como esos que iban festejando sus crímenes y los de los nazialemanes.
Surgía ese movimiento como consecuencia de, no como una iniciativa, y esto habría que tenerlo en cuenta para el análisis y el sacar lecciones de todo lo que está pasando.
No era una corriente revolucionaria preparada de antemano por así decirlo, no era una vanguardia abriendo camino sino que más bien era la concreción paso a paso de la respuesta popular tras los acontecimientos tan claros y tan escandalosos en Kiev y en otros lugares. Como se quiera decir, pero en definitiva, un seguir los acontecimientos que tantas veces caracteriza lo que se puede llamar en general a los sectores izquierdistas, antifascistas, anticapitalistas. De hecho, en alguna entrevista alguno de los líderes de las repúblicas populares del este de Ucrania reconoce que uno de sus fallos fue la falta de preparación, en que les cogieron casi por sorpresa con el desarrollo de los acontecimientos. Y eso que fue largo dicho desarrollo. Solo hay que ver todo lo que duro lo de Maidan hasta que renuncio el presidente, electo en elecciones a lo occidental por cierto. Pero que esto no se vea como una crítica mala sino como una recapitulación de los hechos.
Parece que inicialmente, o eso llego hasta aquí en el País Cántabro, quisieron más o menos unir sus destinos a los de la península de Crimea. La palabra referéndum estaba de boca en boca. ¿Separación?¿Independencia?¿Otra unión territorial a Rusia? Estaba todo en el aire.
Al final en esos territorios, de lo que algunos llaman Nueva Rusia, donde ese movimiento antifascista o anti-kiev se había desarrollado con potencia se establecieron las repúblicas populares. Estas zonas de Ucrania tienen una presencia de la industria minera muy fuerte. Parte de la tradición izquierdista todavía existe y el pasado soviético, de lucha contra los nazis alemanes y los quislings ucranianos no se olvida.
Tras la preparación de las elecciones, la votación y sus resultados los territorios que se proclamaron republicas populares pidieron de Rusia cuando menos el reconocimiento oficial.
También había empezado la creación de cuerpos de voluntarios, denominadas milicias, dispuestos a luchar contra las tropas de Kiev, defendiendo sus territorios contra la amenaza de los fascistas ucranianos. En no mucho tiempo ya se habían formado unidades de combatientes, entre los que había algún veterano del ejército rojo soviético.
Al tiempo los medios empezaron con la cantinela de los mercenarios, de que si eran soldados rusos encubiertos, etc.
La realidad es que los componentes de las milicias son básicamente locales, ucranianos, si bien nunca se negó que habían llegado a la zona voluntarios, esto es individuos que a título personal se encontraban allí para luchar contra el fascismo que se extendía desde Kiev, para ayudar a la gente de esas zonas.
Mientras en los medios se seguía hablando de que todo ello era consecuencia de las interferencias rusas en Ucrania, de que los federalistas eran prorrusos y estaban siendo ampliamente apoyados por Putin, seguían enseñando mapas donde Crimea sigue siendo parte de Ucrania, etc. Y así, a nadie le choco la escalada de declaraciones y supuestos movimientos de tropas rusas en las inmediaciones de la frontera con Ucrania. Hubo maniobras rusas, que Putin ya dijo habían sido organizadas mucho antes de los sucesos de Ucrania. Pero se negaba la presencia de tropas estacionadas en la frontera. Desde los EUA decían que tenían fotos, los medios movían la pelota, desde Rusia se decía que no había nada, etc.
En Ucrania tenían lugar, en mitad de manifestaciones neonazis casi diarias, unas elecciones donde el maltrato de candidatos presidenciales no queridos (vamos, no lo suficientemente fascistas u otánicos) fue clamoroso. Y es que claro, algo tenían que hacer desde que los de Maidan y otros sectores en la sombra y el poder empujasen fuera a Yanukovich. Pero con la situación del estado ucraniano y los acontecimientos que se desarrollaban, el movimiento nazi cada vez más confiado y creciente, actuando impune, dichas elecciones fueron poco más que un circo de mal gusto y sin gracia. Pero eso sí, las gano un oligarca. No era de las caras más visibles, muchas de ellas “quemadas” y/o en otros asuntos o parcelas del poder, pero no por ello deja de ser un multimillonario y oligarca. Y en medio de todo ello oficialmente Rusia rechazo reconocer las autoproclamadas republicas populares del este de Ucrania.
El único evento realmente sorprendente, y que sucedió cronológicamente algo antes de las elecciones fue la eliminación del líder histórico y más destacado de la organización nazi más destacada. Y conviene no dejar este hecho en el tintero.
El individuo este había ganado publicidad creciente aunque ya era conocido. Como todos los lideres nazis por todo el mundo, este individuo estaba conectado con los servicios de inteligencia de más de un estado y sus oscuras agencias, aparte de tener también por su cuenta negocios sucios consentidos por las autoridades del lugar. Este individuo era, quizás sobre todo, un antirruso hasta la medula. De hecho había estado, y se jactaba de ello, luchando el Cáucaso junto a islamistas radicales contra las tropas rusas, habiendo participado en combate y habían matado a soldados rusos. Esto es una consecuencia de las conexiones mencionadas antes. Y con todo, gozaba de impunidad y había vuelto a Ucrania donde aparte de ser un sucio nazi tenia, como se ha dicho, sus negocios sucios. A toda esta gentuza, quizás un día por motivos cosméticos se la detiene, pero ya se sabe entran por una puerta, salen por otra, y son muy bien tratados se queden el tiempo que se queden…y cuando salen vuelta a lo suyo. Pero este si ya era conocido se hizo famoso, metralleta en mano, amenazando a todo lo que él consideraba ruso, avasallando a funcionarios públicos ucranianos, empujándoles y dándoles tortazos rodeado él de sus matones y ante las cámaras. Por eso, y por hablar casi sin tapujos, como con el asunto de haber luchado como mercenario entre otros sitios en el Cáucaso, empezaba a ser incómodo hasta para Kiev. Pocos se preguntaron lo raro de un nazi ucraniano, ultra católico, luchando junto a islamistas de esa zona.
El mismo dijo un día que no le sorprendería que le pasase algo. Algo debía intuir. Eso sí esto tras la victoria de las protestas de Maidan. Vamos, una vez que ya había cumplido con su trabajo. Tras ello como era un personaje que le gustaba destacar, y destacaba mucho, que callaba poco, que era muy fanfarrón parece que de incomodar les empezó a molestar.
Tanto que empezó a “preocupar” a cierta gente, e incluso los rusos se vieron obligados a decir que quizás le deberían extraditar y juzgar ellos, etc. Seguramente fuese en estos momentos cuando debieron decidir, encima cuando en el plano internacional la poca discreción había hecho que mucha gente se preocupase abiertamente de ver a nazis campar por sus anchas tan tranquilamente por Ucrania, territorio en teoría europeo. Su muerte suponía quitarle del medio y de paso intentar hacer ver a la opinión pública que se dice, que no era para tanto lo de los nazis, que no gozaban de impunidad, ni eran apoyados por Kiev, etc.
El hecho es que este energúmeno fue muerto por disparos de una unidad ucraniana recientemente creada por Kiev. Lo gracioso es que los miembros de la unidad y los que les mandaron llevar a cabo esa su misión, serían igual o peor que él, pero a buen seguro destacaban menos lo cual era lo que en Kiev y en otros centros neurálgicos desde donde se gestionan y coordinan las cosas, deseaban. El problema no era, ni es, ser un nazi radical, el problema era ir por ahí hablando de todo o casi todo, destacando como el que más, dejando en evidencia cosas que no se deberían dejar en evidencia: en definitiva su problema fue no ser un perro fiel que obedece a la voz del amo al instante, cuando le dice que se siente, que no ladre. Este fue el hecho más o de los más sorprendentes.
En cuanto a Rusia poco que decir desde lo de Crimea, salvo que un día reconoció que si tenía algunas tropas en las frontera pero que las había retirado hacia el interior. Esto que nos sorprendió a unos cuantos doblemente, satisfizo a sus contrapartes occidentales.
Pero los medios, aunque bajaron la presión de la guerra de propaganda, siempre han seguido lanzando dardos, como los ya muy repetidos de los de una supuesta ayuda militar, de la presencia de mercenarios luchando contra Kiev, etc. Especialmente en el par de ocasiones en los que la milicia ha conseguido derribar aparatos del ejército ucraniano.
Tampoco se entiende ciertas preocupaciones o escrúpulos cuando por ejemplo los ultra-islamistas en Siria cuentan con gran apoyo armamentístico de los países de la OTAN, cuando en Libia la OTAN ejerció de fuerza aérea para los nazi-islamistas de la rama libia de Al-Qaeda. O como cuando las últimas guerras de los Balcanes, de repente los “rebeldes” croatas (otros nazis o neonazis, herederos de los colaboracionistas alemanes en la IIGM) aparecieron con algunos tanques y algunos aviones militares incluidos cazas, así como nada. Está claro que hay mercados negros y hay mercados negros.
De cualquier manera el asunto es que tras la llegada al poder en Kiev del nuevo presidente, lo que desde Moscú estaban más o menos señalando como el momento en el que se podría comenzar alguna negociación fructífera, en las que incluso se podría llegar al alto el fuego, la represión en el este de Ucrania aumento.
La situación, como tantas otras en esta época donde teóricamente sabemos todo lo que pasa en el mundo antes y mejor, no es para nada clara.
Desde el referéndum de Crimea parece que más de una unidad regular del ejército ucraniano se cambió de bando. Como esos cazas y esos buques de guerra pasándose al control de las autoridades crimeas poco antes de los resultados del referéndum. Después, en el este, al principio de la ofensiva gubernamental llegaron historias de varias unidades de infantería declarando que no iban a disparar sobre la gente, y de hecho, algunas pasándose al lado de las milicias.
De unas cuantas semanas a esta parte se ha comprobado que si alguien alguna vez en algún sitio dejo caer la posibilidad de que muchos de los soldados ucranianos no estuviesen dispuestos a seguir las ordenes de los nuevos jefes en Kiev, y que incluso podía darse el caso de que se rebelasen contra las medidas atacar a la población del Este de Ucrania…no tenía razón. Por desgracia esas historias de soldados regulares pasando al lado de las milicias hace mucho que no llegan. Aun así, las milicias siguen luchando, y han cosechado más de una victoria. Pero también por el otro lado, los soldados del ejército ucranianos siguen a lo suyo.
En Kiev en parte han solucionado el problema de cierta falta de confianza creando la Guardia Nacional compuesta en gran medida de nazis que provienen de organizaciones activas en el Maidan. Y en Kiev parece que no tienen grandes problemas cuando hacen que desde alguno de sus jets se lancen bombas sobre localidades y núcleos de población del Este. O que se bombardee esas mismas zonas con artillería pesada. O cuando utilizan todo tipo de tanques y blindados contra la población de su propio estado. Aun así, han seguido avanzando poco a poco.
En el lado opuesto, las milicias han perdido el control de algunas de las localidades bajo su control. Siguen luchando, y siguen también cosechando victorias parciales aparte de algunas derrotas.
El asunto es que el tiempo pasa y no hay signos de voluntad negociadora por parte de Kiev. Ha habido intentos de treguas, de ceses el fuego, pero sobre desde fuera ver con exactitud lo que pasa sobre el terreno es difícil. A las milicias les llega ayuda, y no solo de las zonas bajo su control. Pero está claro que están en inferioridad de condiciones sobre todo en armamento frente a las tropas de Kiev. Y lo denuncian en los medios, pidiendo más ayuda.
Es curioso ver como los medios hablan de los supuestos mercenarios, la supuesta ayuda, pero por el otro lado los responsables militares de las milicias se desesperan ante lo que llaman la falta de ayuda rusa. Y este es un tema controvertido para muchos. Quizás el que más. A buen seguro uno a no tomar a la ligera, pues además es una posición similar a la de parte de la izquierda fuera de Ucrania.
Que si “Rusia se desentiende”, que “Rusia debe ayudarnos”, que si “Putin debería hacer algo”, que si “si la ayuda no llega…”, etc. En una palabra: demandan la ayuda clara, contundente y abierta de la Rusia de Putin.
En verdad Rusia tiene musculo, y suficiente para ayudar en Ucrania, pero claro…hay gato encerrado. Hay gente que desde la izquierda, teóricamente izquierdistas, están incluso diciendo que se debería intervenir con el ejército ruso hasta ciertas zonas.
Antes de todos estas peticiones, comentarios, pensamientos, ¿no nos deberíamos preguntar qué pasaría si Rusia interviene ahora? y sobre todo ¿porque no lo ha hecho?
Empecemos por la primera: la intervención rusa directa en estos momentos fácilmente que sería perjudicial. Es así, pues porque para empezar daría munición y propaganda a todos esos medios que no la necesitan, a esos que sin hacer nada ya dicen de Rusia que es insaciable, invasora, que interviene demasiado. Y encima seria intervenir a destiempo, lo que de por si no es lo mejor. Y sobre todo, podría llevar a una peligrosa escalada de tensiones a nivel internacional más que probablemente. Y esto en un momento en que ciertos sectores del pico de la pirámide del Sistema mundial parecen estar como locos por crear un conflicto bélico internacional abierto de esos que hacen época. Veamos: no se cierra el conflicto sirio, cuando comienza el ucraniano. Y estaba en desarrollo el ucraniano, que no ha acabado, cuando se reabrió el conflicto en Iraq. Con la globalización, las nuevas tecnologías y las nuevas formas de “acercar a la gente” estaba claro que la paz, la concordia mundial y el entendimiento iban a reinar. Lo que no sabemos ni vemos en el horizonte es el lugar.
Aparte de estas consideraciones: ¿qué habría de pasar ahora si interviene la Rusia capitalista?. ¿Asegurar la independencia de las repúblicas populares?,¿ anexarlas a Rusia?, ¿imponer en toda Ucrania un estado federal donde los del este estén representados y sean respetados?
El asunto que parece ser y que muchos pasan por alto, es que a buen seguro eso de repúblicas populares, de discursos y demás parafernalia tan aparentemente socialista y soviética en Moscú y a Putin le hacen mucha menos gracia de lo que algunos suponen.
Y así en parte se contesta a la pregunta de porque no intervino Rusia al principio. Ya intervino en Georgia en su día, rápida y contundentemente. Y con razón, pues de no haber sido asi malamente lo habría hecho después. También lo hizo en Crimea. Las razones geoestratégicas aquí eran claras y obvias. Esta más que claro que en el Este de Ucrania no tienen el intereses que les gustaría a muchos que tuviesen. De haber intervenido, y razones habrían tenido, lo podría haber hecho mucho tiempo atrás. Pero no lo hicieron. Y no lo han hecho.
El asunto es que ni la federación rusa es la URSS ni Putin es un dirigente comunista y soviético. Vamos, que no hay ninguna razón para presuponerle ni internacionalista ni socialista. Ser antifascista quizás algo más, por eso de la Historia de la IIGM y demás, pero vemos que en Rusia no pasa nada tampoco cuando crece el nacionalismo de derechas ruso.
Si, a través de Ucrania existe una lucha en la que los intereses de Rusia están en juego a medio y largo plazo. Lo ven mucho fuera de Rusia, y por supuesto en Rusia también.
Esa es la única razón que se ve para que Rusia oficialmente hubiera hecho algo con respecto al este de Ucrania. Sus intereses nacionales propios. Nada de ideología, solidaridades ni parecido. Eso en la globalización pesa cada vez menos. Una vez asegurada Crimea, se sentó a usar tímidamente la diplomacia y a ver. Ellos saben o sabrán cómo defienden sus intereses, como juegan su juego, con que cartas y en que terreno. Está claro que no es el este de Ucrania.
El hecho que nada se haya hecho cuando de hacerse algo (que es otra discusión) ya hace bastante que se debió hacer y que aun a día de hoy, sobre todo fuera de Ucrania, haya izquierdistas pidiendo al implicación de Rusia, de Putin, incluso con el ejército algunos, como si fuese una especie de nuevo ejército rojo nos muestra un cierto error de análisis, grave en ciertos aspectos.
Para empezar la responsabilidad de denunciar lo de Ucrania no solo es competencia de Rusia ni mucho menos. Cualquier estado debería estar criticando a Ucrania en la ONU.
Así pues, esas izquierdas en vez de ver solo Rusia y Moscú deberían estar manifestándose para que sus estados, y los gobiernos, estuviesen denunciando las muertes de civiles, los bombardeos de pueblos y ciudades, etc. Como el hecho de que hace mucho ya que deberían estar organizando en la calle denuncias de la impunidad de movimientos de los nazis ucranianos. Habría que salir de Internet más, y denunciar todo esto en la calle ante las opiniones públicas respectivas. Con lo cual aparte de solidaridad con la gente del este de Ucrania, se haría una importante labor antifascista en general.
Vuelve a aflorar el recuerdo del nazi noruego y la masacre cometida en la isla tristemente famosa. Y con ello la falta de reacción de la inmensa mayoría de las izquierdas.
En resumen, punto primero: trabajo en la calle entre la gente y frente a los respectivos estados, en vez de pedir machaconamente la intervención rusa.
Segundo debería ser el hecho de ver la potencialidad de incremento de tensión general y mundial de una actual intervención rusa. Este es quizás el error más grave. Esto deja al descubierto lo irresponsable de exigir a Rusia que haga algo (digamos peligroso y nocivo) y que se puede ver que es lo que quieren ciertos sectores ultra-belicistas y globalistas. Pedir a otro que haga algo que si bien sí supone un peligro muy real por el otro lado no ofrece ni la más remota posibilidad de un desenlace positivo y un avance para la justicia en Ucrania y el Mundo incluso de llevarse a cabo en términos deseables es aventurado.
Y tercero y último punto: la creencia ya asombrosa de algunos de querer ver en Rusia una especie de URSS, una especie de adalid de derechos, justicias y libertades universales, y a Putin su líder.
Esto puede ser porque quedan vicios del pasado (cuando existía la URSS, como en los 80); que es más fácil saber que no se está solo, que se tiene un estado poderoso detrás, como una especie de hermano mayor que es lo que fue la URSS para muchos durante décadas.
O puede ser consecuencia de un rechazo inconsciente resultado de no querer reconocer hasta qué punto está de mal este mundo globalizado, la situación a nivel internacional y mundial…donde la única ley que impera y vale es la de mercado. Y los únicos valores y códigos que valen son los bursátiles y bancarios.
En definitiva que en cada nación, en cada estado del mundo, los verdaderamente anticapitalistas y antiimperialistas estamos más solos, que no hay ese estado socialista y valiente que se enfrenta a los estados capitalistas poderosos nivelando a su manera la balanza mundial.
Sea como sea, la solidaridad con los antifascistas ucranianos, como con los antifascistas y antiimperialistas en lucha de cualquier nación del Mundo, que las hay, debe existir entre las izquierdas.
Pero que no se debe caer en los errores de análisis, o por lo menos evitar los graves. Para ello la crítica y sobre todo la auto-critica activa que sirva para mejorar son una necesidad imperiosa.
Y basta de decir que si Putin no hace nada, etc. ¿Qué hizo la izquierda organizada después de la masacre de Noruega? Nada. Y era más deber nuestro que el de cualquier presidente de un estado capitalista. Bueno, en Internet se hizo mucho. Ahora, unos cuantos millones de twitts después nos encontramos con esto…
¿Será uno de los problemas que las izquierdas están más felices con las nuevas tecnologías?
¿Será que el problema que las verdaderas izquierdas se han tragado el anzuelo de “los tiempos modernos”, de que “todo ha cambiado y tenemos que cambiar” , y así entre otras cosas ha perdido muchas de ese espíritu, cultura, formas de actuar y tradiciones que la hicieron fuerte?
¿Será el problema en que la izquierda está más globalizada que el resto de sectores?

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