Critica a la carta de un miembro de círculo “Podemos” de Santander

Critica a la carta de un miembro de circulo Podemos de Santander.

Breve introducción

Antes de empezar con pasajes concretos, hay que ir a un asunto que no es de lo más importante pero si es importante en esta época del todo vale, del copio y pego, del apropiamiento intelectual de conceptos de gente que después curiosamente es empujada a los lados. Esto en el Pais Cántabru ha pasado de unos años ha esta parte, en asuntos de la vida real y en el espacio virtual. Hay casos concretos de compañeros “cantabristas”-periodistas de este miembro de Podemos, pero no es para ahora y no mezclemos.

Sobre el asunto de casta política y el atribuírsele a Podemos es más o menos que mentir abiertamente. En esta Cambera ese término [como fuera de ella-en la vida real- algún compañero (pero este el asunto que dijimos no íbamos a tratar)] se ha venido usando HACE AÑOS ya.
De hecho, el término casta política, socio-política, asociativa también se solían usar. Es lo que pasa a los que están más preocupados en los conceptos que en las firmas. Que después te vienen de un lado o del otro y ya sabemos.

En definitiva, si este miembro de Podemos atribuye al uso del término “casta política” gran parte de su éxito, por desgracia tendremos que pensar que tenemos la carga que parte de su éxito a salido de esta Cambera.

También términos como “buen rollismo”. Hay que ver, solo en esta Cambera Rojha y Cántabra, cuando se ha usado, y en las hemerotecas de cuando se empezó a generalizar su uso. Y por desgracia algún otro ejemplo hay, de usar ciertos elementos-colores, etc.
Esto no es vanidad de esta Cambera, ni mucho menos.

Y a en el pasado el nazifacismo sin ir más lejos uso términos sacados del comunismo para engañar, desviar, manipular etc.

Esto es solo para dejar escrito ciertos hechos y realidades.

Y ahora, a lo concreto

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Podemos: la “casta política” y la lucha por la hegemonía

Marcos Martínez Romano (miembro del Círculo Podemos Santander)
| 01.06.2014

Desde la irrupción del proyecto político ‘Podemos’ a finales de Enero de este año, que ya analicé aquí, muchas han sido las reacciones al respecto. Una de las críticas más recurrentes que durante estos meses ha recibido Podemos ha sido hacia su forma discursiva. Los conceptos manejados en el discurso habitual de las caras visibles del proyecto, encabezados por Pablo Iglesias, no han sido del agrado de una gran parte de la izquierda. Desde una buena parte de militantes de IU, pasando por una interminable serie de partidos comunistas situados fuera de la coalición de izquierdas, hasta algunos sectores de las distintas izquierdas soberanistas del Estado español, el rechazo frontal ha sido la actitud más generalizada hacia un nuevo marco discursivo construido por los promotores de la iniciativa política.

Términos como “casta política”, apelaciones a un sujeto tan indefinido como “la gente” o llamadas a disputar el “sentido común” de la sociedad actual no encajaron bien en los esquemas mentales de muchos activistas de la izquierda tradicional. Personas formadas políticamente de manera fundamental en los manuales clásicos, que sólo nos pueden seguir siendo útiles en la medida que sean leídos y analizados desde nuestras circunstancias actuales y aprovechados para construir nuevos relatos acordes a nuestro contexto.

Sin embargo, el objetivo de Podemos no era conectar con esta pequeña parte de la sociedad más concienciada que, sin embargo, en muchos casos se encuentra separada de la lógica de la mayoría de la población. Ni siquiera era intentar aglutinar a todas las corrientes de izquierda situadas por fuera del Régimen para conformar un frente de izquierdas. Desde el principio, los rostros visibles del proyecto dejaron claro que el objetivo trascendía la unidad de la izquierda y se encaminaba hacia la unidad popular. La unidad de la mayoría social desposeída, que sufre las políticas austericidas de unas élites políticas emancipadas de sus representados, y su articulación en una mayoría política.

Aquí, como otros miembros de Podemos se habla de “izquierda”, de “unidad popular” de una forma etérea, sin concretar, sin apellido.
¿Es una unidad popular de los pueblos del mundo?¿es una unidad popular europea?¿occidental?…¿o es una unidad popular ESPAÑOLA?
Cuando habaln de izquierda, de unidad popular no lo dicen porque no quedarían bien…pero se refieren a la izquierda ESPAÑOLA, y a una unidad popular ESPAÑOLA. Esto es abrazar por completo el españolismo, les guste o no a algunos.
Y es que esto es más grave aun si tenemos en cuenta que el que escribe la carta era previamente y es miembro de una organización supuestamente “cántabrista”, “soberanista”, etc. Y él se declara en esos mismo términos.
Aquí, que se escribe en clave cántabra y roja, patriota si se quiere, comunista si se quiere, es deber destacar –y creemos que esto se va leer por la otra parte- que si la carta publicada en Internet está escrita sin malicia política (y asumamos esto), el “cacao mental” y la falta de preparación ideológica es enorme, y que lleva a un error grave.
Hablar de “unidad popular” a nivel español es afirmar que el pueblo español existe y negar que el pueblo cántabro existe.
Por tanto, o bien se declara españolista de izquierda y sigue por el camino de Podemos y de lo que dice en la carta o bien, de una vez por todas, y consecuentemente (no como tantos que se declaran lo que no son: “cantabristas” de “tener conciencia de clase y de pueblo”, etc) se echa al camino de ser cántabro sin más, de ser cantabrista o más. Uno no se puede declarar “cantabrista” y “soberanista” y negar en la práctica al pueblo cántabro. Por desgracia mucho de las cabeza pensantes-visibles del “cantabrismo” llevan actuando así por años. Y a algunos no se le puede presuponer que lo hagan sin malicia, pues demostrado esta lo contrario.

Para ello, y fruto de un largo y arduo proceso de estudio, análisis de la situación actual en el Estado español y aprendizaje de las experiencias populares latinoamericanas en los últimos años, Podemos irrumpió en la escena política con un lenguaje innovador que logró conectar con una gran parte de la desafección existente por abajo hacia el estado actual de las cosas. Desencanto que no encontraba ningún cauce por el que expresarse, ni mediante la participación en las opciones políticas existentes, ni a través de las instituciones del Régimen del 78.

En definitiva que por lo que dice, viene a ser un “socialismo del s.XXI” a la española. Conceptos que por desgracia muchos cantabristas “famosos” aparentemente critican más o menos, pero que en realidad están totalmente en línea con sus valores e ideología.
Podemos NO irrumpió en la escena política. Podemos irrumpió (como se ha escrito para aquí ya) en escena televisiva, y de ahí, a la escena política. Negar esto, es simple y llanamente negar la verdad, la realidad y por lo tanto mentir.

De esta manera, durante estos sólo cuatro meses, se ha conseguido iniciar la formación de una base social en torno a una serie de demandas insatisfechos muy variadas. Estas, han conseguido agruparse en torno dos figuras principales: el protagonismo de Pablo Iglesias como “líder mediático” que trasladó la voz y el sentimiento de esta mayoría social desposeída a los grandes medios de comunicación; y la creación de más de 400 círculos alrededor del Estado español y otros territorios europeos y latinoamericanos como herramienta para encauzar la participación ciudadana, como método para ir construyendo ese músculo popular tan necesario para cualquier opción política transformadora.

Se puede decir de una manera, o de otra, desde arriba, desde abajo, desde los lados.
Todo esto interrelacionado con la publicidad y propaganda mediática inicial. Que no se engañe este paisano y que no se engañe ningún español que este metido en Podemos.
Sin la aparición estelar en las pantallas, sin la preparación mediática, sin el empujón mediático nada de eso que habla habría pasado. ¿O se creen especiales?¿se creen lo contrario? De ser así, se auto engañan.

Volviendo al terreno de lo discursivo, de entre los varios conceptos que en estos meses se han ido generalizando y más han chocado con las concepciones de gran parte de la izquierda tradicional, el de “casta política” ha sido uno de los más controvertidos. En mi opinión, uno de los grandes éxitos de Podemos ha sido generalizar su uso dotándole de un contenido orientado a la recuperación de la democracia y la soberanía popular, revirtiendo el significado que hasta hace poco tiempo se le atribuía generalmente a ese concepto.
Se ha logrado actuar como muro de contención de la idea que con “casta política” se trasladaba a la sociedad de forma mayoritaria por el monopolio del uso del concepto por parte de los sectores de derecha o extrema derecha: un discurso “antipolítico” disfrazado de regenerador de la política que bajo el odio hacia ésta reforzaba la idea de su carácter negativo, propio de opciones como UPyD o Ciudadanos. Por lo que contribuía a expandir la idea de lo positivo de dejar las decisiones que nos afectan a todos en manos de unos pocos.
En oposición a ese discurso antes dominante, se ha construido una imagen de la “casta política” como esa élite de los partidos del Régimen que, queriendo dar la sensación de divergencia en sus programas y sus formas, llevan años gobernando estando de acuerdo en los aspectos fundamentales. De acuerdo en gobernar al servicio de poderes no elegidos por nadie en vez de para los ciudadanos a los que debieran representar y servir.
Con lo que, de este modo y para evitar esto, se ha conseguido que la política comience a ser vista como una faceta fundamental en nuestras vidas de la que todos debemos ser protagonistas si no queremos que nos la robe esa “casta” que gobierna al servicio de las élites económicas. Élites gracias a las cuales se enriquecen legislando en nuestra contra, empeorando cada vez más nuestras condiciones de vida.
Además de esto, pero unido a ello, después de los buenos resultados electorales conseguidos por Podemos el pasado 25 de mayo, los enemigos políticos (los partidos de la casta y las opciones “regeneradoras”) están viéndose obligados a jugar en el terreno discursivo construido por Podemos. Esto es el primer y fundamental paso hacia la victoria, el comienzo de la batalla por la hegemonía cultural en el eje discursivo de la sociedad y la política.
Sin embargo, como acabo de citar, esta operación está sólo en su fase inicial. Este inicio en la lucha por la hegemonía cultural a través de este nuevo relato construido es necesario que lo llenemos de contenido transformador en cada realidad para que siga esparciéndose por cada territorio. A partir de ahora, en cada lugar concreto y partiendo de nuestras condiciones concretas nos toca aprovechar esta gran operación discursiva llevada a cabo durante estos meses para introducir en el lenguaje común los problemas cotidianos que sacuden nuestra vida en nuestro entorno.
Más allá de los resultados del 25 de mayo, ya estamos pudiendo con ellos. Sin embargo, como una y otra vez repiten las caras visibles de Podemos en los medios, y repetimos todos los compañeros que participamos de Podemos en el Círculo de Santander, “esto es sólo el principio” y la guerra de posiciones sólo ha hecho que comenzar.

No, por desgracia no están pudiendo con ellos. Entre otras cosas, porque son IU 2.0
Y corren el peligro en creerse que todas las transformaciones o cambios de mentalidad en las masas, ya sean cántabras o españolas, se deben a ellos. Eso es un ejerció impresionante de egocentrismo. Y es mentira por lo demás.
Se quiera o no, las personas que individualmente o no, han ido a lo largo de los años esforzando, propagando ciertas ideas y valores, ciertos conceptos, sudando…han dejado un poco una impronta a nivel colectivo, tanto cántabro a nivel nacional, como español a nivel estatal. Sí, esa impronta ser más o menos grande o pequeña, pero esta hay y es real….aunque después algunos se la quieran apropiar, como siempre pasa.
Y Podemos, sin su inicio mediático, no estaría ni de lejos donde se encuentra. No es que no hubiese tenido los cinco escaños. Es que de esos 400 círculos no tendrían ni 40.

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