Sobre “lo imposible”, “lo menos malo”, los peores ejemplos y el “País Fiasco”

A raíz de la Capitalidad cultural han aparecido dos textos posteados por paisanos, como si fuese una forma de controversía o intercambio.

Las dos destacan; la primera de autor vasco, por ciertas puyas ideológicas, que subrayamos en negrita. La segunda que se pondrá al final, de autor cántabro, por que le da poco aire y no se da cuenta que con la excusa de la candidatura de la capitalidad cultural (y su mas que esperable y sabido fracaso fuera de las fronteras estatales) el ayuntamiento capitaneado por De la Serna, perjudico, destrozo y mutó a Santander. La destrucción al patrimonio y personalidad de nuestra ciudad, con la excusa, fue asombrosa. Entonces, por supuesto que la ciudad y los que la queremos perdimos, y que aparentemente el propio Ayuntamiento perdió, pero no, porque ellos llevaron a cabo todas las obras y poryectos anticántabros gracías  a la excusa de la candidatura, obras que dieron mucho dinero ademas a los que les fueron dadas, lo que supuso a De la sarna quedar bien con sus amigotes-jefes, con lo que de cara al público dijeron perder, pero la verdad es que ya habían ganado bastante…

 

 

Donostia y la capitalidad europea

José Luis Orella Unzue

Mucho se ha discutido estas semanas sobre la ciudad que pretende ser capital cultural europea. Algunos piensan en San Sebastián como en la ciudad cosmopolita, liberal, abierta, que vive del turismo, bilingüe, antes del castellano y el francés y ahora del castellano y del inglés, de los congresos profesionales, de la gastronomía, de la elegancia y distinción, promotora de la Casa de Paz y del Parque de la Memoria de las Víctimas.

Para algunos tiene que ser la ciudad del progreso, del metro, de la incineradora, de la pasarela del Mompás y paso obligado del AVE desde Madrid camino de Europa. Una ciudad que así como desde la Edad Media monopolizó en su propio beneficio el puerto de Pasajes al que denominaba puerto de Pasajes de San Sebastián, ahora sueña con el puerto exterior de Pasajes ya que no puede hacer la competencia con el aeropuerto de Hondarribia a los vecinos de Loiu o de Biarritz.

Ahora San Sebastián aspira a ser capital de una euroregión europea en la que se encuentren no solo Euskadi unida a Aquitania sino que en un futuro próximo encabezará también a Navarra y La Rioja.

Con este enfoque se sigue la tradición históricamente secular de una ciudad de San Sebastián que ha sido una ciudad enfrentada a la provincia de Gipuzkoa. Bastaría con recordar la opción política de esta ciudad en la guerra de las Comunidades de principios del siglo XVI, en la Guerra de la Convención de finales del siglo XVIII, en la opción liberal frente al carlismo en el siglo XIX, en la postura tomada tras la guerra civil española y finalmente en la transición a la democracia.

Históricamente San Sebastián se ha distanciado siempre que ha podido de la opción de la provincia a la que ha considerado folklórica, euskaldun, participativa, cooperativista, paritaria en los géneros y respetuosa con el medio ambiente, promotora del juego de la pelota y de las competiciones rurales.

San Sebastián nunca ha sido Donostia como capital de Gipuzkoa ni ha amalgamado su entorno como lo ha hecho Bilbao en el Gran Bilbao creando un Gran San Sebastián. Donostia hasta ahora no ha asumido la capitalidad de un espacio territorial euskaldun que lo veía extraño si no adversario. Quiso siempre tildar de aldeanos críticos a los numerosos personajes que a lo largo de la historia asumieron el movimiento ilustrado, fueron los primeros y principales historiadores de la provincia, redactaron sus Cuadernos Forales, o dirigieron las pretensiones de independencia desde la guerra de la Convención hasta hoy.

Sin embargo Donostia puede aspirar a la capitalidad cultural europea si sabe presentarse como cabeza de una provincia y de un País Vasco o Euskal Herria. No hay que olvidar la singularidad que tiene Donostia sobre las demás ciudades concurrentes precisamente porque presenta una cultura novedosa en Europa, ya que es heredera y representante de un pueblo que hunde sus raíces en el Neolítico y que se expresa, hoy en día, en una lengua única y de las más antiguas de Europa como es el euskera, con lo que estas dos circunstancias connotan culturalmente de excepcionalidad de novedad y de atracción turística.

Pero tras estas elecciones municipales y forales ha llegado la hora de que San Sebastián sea una Donostia no enfrentada a la provincia, sino colaboradora de las villas guipuzcoanas en el folklore, en la promoción del talento de los guipuzcoanos cooperativistas, en la excelencia de los deportes, en la exuberancia de proyectos y planes que burbujean en la participativa sociedad guipuzcoana.

Donostia tiene que presentarse como capital de un territorio soberanista, progresista y euskaldun. Soberanista en cuanto lidera un pueblo denominado Euskal Herria, progresista en la promoción de la igualdad al estilo de la Casa de las mujeres en Villa Soroa, y euskaldun porque presenta esta lengua al concurso de las lenguas para configurar la Europa de los pueblos.

Capital que quiere instaurar una forma de vida solidaria, participativa y cooperativista. Solidaria con todas las clases sociales autóctonas y emigrantes y no asistencialista, participativa en la toma de decisiones en la política de vivienda pública y de alquiler, cooperativa como fórmula escogida hace lustros de llevar adelante la pequeña y mediana empresa.

Donostia como líder de la normalización social con la vuelta de los presos y exiliados, con la recuperación de los derechos civiles y políticos de todos los ciudadanos, con la atención de todas las víctimas del franquismo, del terrorismo y de la democracia. Donostia como ejemplo práctico de las exigencias del 15-M con el modo ético de gobierno, con la transparencia económica y financiera, con la aprobación de unos presupuestos legales y sociales, y, luego, con la realización de unos proyectos sociales antes que fuegos de artificio para pícaros, paseantes y turistas. Donostia como promotora de una cultura de diálogo y negociación con todos los partidos y grupos de opinión en una consulta popular compartida. Donostia referente de austeridad, transparencia, participación y democracia que pretenderá huir de la corrupción y del amiguismo. En fin, Donostia más que San Sebastián, como capital cultural de Gipuzkoa, como la ciudad de más euskaldunes del mundo, como referente de una cultura propia del pueblo vasco y como polo de atracción de la gastronomía y del turismo en un ámbito europeo.

Muchas personas ante la imposibilidad de cambios en este País, deciden no intentar realmente ningun tipo de cambio real, no poner la carne en el asador, no luchar. ¿Para qué? nos dicen. Menos mal que tantas y tantas generaciones de cántabros no dijeron lo mismo. Por ello hasta aquí hemos llegado como pueblo y como país. El asunto es, a partir de aquí y ahora, estando como esta la gente de alienada, pasota y reformista…¿hasta donde llegara este pueblo y país?

Excusas que muchos se las creen, y como las intentan hacer creer a los que saben para que vale la lucha de verdad, concienciada, etc. Y claro como ese tipo de argumento es mayoría en la sociedad cántabra e incluso entre la izquierda cántabra, pues nada, se acaba dando lo que se dice “mal de muchos consuelo de tontos”. Y lo que importa, al final la casa sin barrer.

Y nada, todo esto mientras  estamos enfrentando los mayores atentados ecológicos contra Cantabria, y nuestra cultura, idiosincrasia e identidad estan al borde de la extinción. Ante esto, organizar algun “portal virtual” con la vitola de haber hecho algo revolucionario, ir al 1 de Mayu dar dos gritos y despues de blancos, pegar alguna pegata  y asistir a todos los conciertos posibles…es la mayor prueba de lo mal que estamos por estos lares. La realidad demuestra que no se esta llendo por el camino adecuado, pero nadie lo quiere asumir e intentar solucionar. Malo.

Después estan estas y estos que, por el motivo que sea, tienen un discurso mucho mas radical que sus actuaciones. Son muy revolucionarios, pero en el día a día y en su filosofía de vida la combatividad es bastante escasa y reducida. Son muy políticos, pero la política real y de verdad, la que  hace luchar entre nuestro pueblo y en las calles de nuestro país es lo último que quieren hacer y que hacen…Todos estos que siempre quieren debatir y hablar, pues mientras tanto no se lucha, y que por eso siempre estan queriendo redefinir, debatir y rebatir todo. Evitan llegar a concrecciones que les obliguen a la acción, o que les “encadenen”. Estos seran, los que al final siempre acaben escogiendo cosas que decían criticar, oponerse, etc. Son los que que en vez de luchar de verdad, como cántabros y cántabras por Cantabria, escojen y escojeran “lo menos malo”.

El permanentemente estar escojiendo lo menos malo, o por lo menos llevando esa política desde los últimos 20 años, ha provocado la situación socio-política actual en el País Cántabro, donde la apatía reina y donde la charlatanería es ejemplar.

Por otro lado el País Vasco en este otro país, el nuestro, el País Cántabro, siempre fue un ejemplo muy recurrente: para unos, “por lo malo”; para algunos menos, “por lo bueno”…

De hecho, tanto ha sido que ha creado en torno a la izquierda abvertzale, a la “causa vasca”, a las ideología que existe en ese país…un mito. Son lo más de lo más: los mas coherentes política e ideologicamente hablando; la nación mas antigua; los mas combativos; los irredentos; etc.

Resulta que desde hace algun año ya que algunas personas vienen denunciando desde fuera el rumbo que tomaba esa “lucha”, la ideología de la izquierda abertzale, ciertas acciones y estrategias. 

La realidad, como no, demuestra lo que ha demostrado. Han aceptado lo que podían haber aceptado hace 15 años. ¿Se han bajado los pantalones? Lo peor de todo, es que parece que no. Muchos nos dejamos engañar en su momento por los cantos de sirena “revolucionarios”. La realdiad demuestra es que llevan muchos años haciendo favores (directa o indirectamente que da igual) al Estado español, perjudicando a las luchas de otras naciones y a veces cayendo en un egocentrismo abrumador para los que que se dicen “internacionalista y socialista”.

De cualquiera de las manera desde el Pais Vasco y especialmente desde la ideología reformista aparentemente radical de la izquierda abertzale (esa tan publicitada), se ha contribuido a rebajar la conciencia y el nivel político en el resto del Estado, y el País Cántabro no es una excepción.

Aparte claro de que eso de estar erre que erre de que están tan vilipendiados, que el Estado español es malo malísimo…y de repente parecer que no era para tanto, pues tufa bastante. Por eso muchos por aquí lo llamamos PAIS  FIASCO. Lo malo es que todavía existen tantos y tantas paisanas que tienen el mito, hay, intocable, irrefutable, imposible de criticar o analizar, como buen mito. Antidialecticos que pretenden dar clases de dialectica.  Todo lo vasco es bueno o esta de moda, y la realidad no importa.

Ah, y eso sí, de hacer algo y preocuparse por algo, por lo vasco antes que por lo cántabro.

Estos dos textos que se ponen, a nuestro juicio, demuestran la reducción de la conciencia, el nivel político generalizado.

Aquí va el segundo, escrito por un paisano:

Donostia será la Capital Europea de la Cultura en 2016, y sería deseable analizar el porqué del éxito donostiarrra y el del estrepitoso fracaso santanderino para sacar conclusiones en positivo.

No es cuestión de recurrir al “ya lo decía yo”, pero la tozuda realidad no entiende de los discursos aldeanos en los siempre nos escondemos. Ha ganado quien ha cumplido con lo que algunos exigimos en su día al Ayuntamiento santanderino; o sea, quien cumplió con las bases que recomendaba la Unión Europea para este tipo de manifestaciones: apelar a la cultura local para extenderse a las demás, afirmar la implicación del entorno cultural y geográfico, desarrollar una programación coherente con la política cultural de la comunidad, buscar la participación del entorno próximo, atender a las especificidades y observar la historia propia como elementos de diversidad. Vamos, exactamente lo contrario que el proyecto santanderino…. Aquellos que se empeñaron en conducir en sentido contrario, como Santander, fueron eliminados en el primer filtro. Los que siguieron el argumentario recomendado llegaron a la final y, en ella, Donostia puso sobre el tapete su dimensión cultural internacional, más que reconocida, algo que Santander ni puede ni quiere hacer desde hace 70 años. Además, conjugó su situación geográfica, su identidad vasco-donostiarra y sus propios estrangulamientos y debilidades para actuar en positivo. Los donostiarras, lejos de esconder sus miserias, las enseñaron, y afirmaron abiertamente que pretendían ser la capital europea para poner la cultura al servicio de la paz y del encuentro. Exactamente lo contrario que Santander, que incluso desde lo más hondo de su derrota, sólo supo acudir al victimismo provinciano para justificarse, incapaz de asumir ni una sola de sus infinitas disfunciones.

Pero es que Santander presentó un proyecto deliberadamente perdedor. Desde el principio, rechazó utilizar su historia, cultura e identidad, eliminó su integración cántabra, cantábrica y atlántica, y se sumergió en un improvisado y falso cosmopolitismo. En otras palabras, un corta-pega de eventos inconexos que no profundizaba en ningún modelo cultural. Sin tapujos, estimo que todo esto se hizo adrede. En primer lugar, porque el interés que han demostrado los regidores de esta ciudad por la vida cultural santanderina ha sido siempre nulo, y en segundo término, porque este Santander abúlico no quiere que cambie nada, ni política ni socialmente, y en un Santander mínimamente intelectual, culto, dinámico o cohesionado, habría que trabajarse el terreno para ganar unas elecciones. Aquí no hace falta; nadie se arriesga a cambiar nada cuando las cosas le funcionan.

Para mayor mofa del patrioterismo santanderino, Donostia presentó su proyecto, lógicamente, en euskara, lengua minoritaria, hablada en un pequeño rincón de Europa. Y lo hicieron toda la clase política junta, apelando a su identidad. Sin ir más lejos, la corporación donostiarra, sin excepción, escenificó su vinculación al proyecto vistiéndose de forma tradicional para bailar un aurresku. Mostraron su carácter y su identidad, justo lo que aquí nos empeñamos en travestir o aniquilar. Para que luego haya que escuchar a los “santanderinos de toda la vida” sentenciando que el valor de lo propio es nulo en plena era de la globalización. El mismo Santander que ahora se revuelve ante la victoria donostiarra, sigue siendo incapaz de asumir y reconocer su grotesca carencia: su habitual incompetencia para estar a la altura de los tiempos y las sociedades que nos rodean.

Con la parodia electoralista de Santander 2016, triunfó de nuevo el servilismo de una parte de Santander, la que disfruta de su condición de ciudad-dormitorio, de un espacio descohesionado, individualista, desarraigado, apático, indolente, carente de referentes propios, acomplejado, ignorante de su propia realidad, cultura e historia, rediseñada a sí misma desde los tópicos cañís como únicos referentes colectivos. Y claro, una ciudad alienada no es cosmopolita, sino holgazana, y nunca podría ser premiada, sino penalizada.

La “culturalidad” es la cultura que aporta, genera y define a una población como espacio de creación, no como un puntual escenario de actividades. Santander jamás podría haber ganado la capitalidad europea, pero su candidatura podría haber servido como punto de inflexión para, desde la nada, afrontar un renacer social hacia cotas mínimamente presentables. No afrontar el fracaso es, al fin y al cabo, reafirmarse en lo hecho, o sea, seguir siendo una ciudad estancada pero orgullosa. El Ayuntamiento no quiere cambios, sino ganar elecciones, y para eso, nada se debe mover.

San Sebastián, con todos sus problemas, es Donostia, es decir, pintxos, festival de cine, jazz, urbanismo, euskara, integración, tradición, tamborrada, teatro Victoria Eugenia, Orfeón, Arzak, Subijana, Berasategi, la Real, calle, fiesta, arte, dinamismo, creatividad, internacionalismo, vida… Y frente a ese modelo, Santander “se disfraza” de feria taurina, sevillanas y días de las Fuerzas Armadas.

Al final cualquiera que conozca San Sebastián y la compare con Santander, sabe que, haber presentado a nuestra ciudad a Capital Europea de la Cultura, y con ese proyecto, fue tan “real” y “serio” como presentar al Chikilicuatre a Eurovisión.

Necesitamos reflexionar. Las circunstancias electorales resultantes de los comicios municipales en Donostia son irrelevantes, no tienen nada que ver para, de verdad, analizar lo que es nuestra ciudad y lo lejos que está de ser un referente siquiera en el Cantábrico.

Escrito por Ramón Otí Gandarillas (Miembro de ADIC)

 

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