Entrevista a Giménez Arbe, “el Solitario”

Entrevista aparecida en el diario Noticias de Gipuzkoa, el domingo 29 de noviembre de 2009.

“Mi proceso sólo se entiende en clave política; había que condenarme a cadena perpetua, con o sin pruebas”

Convencido de que sólo se ha ofrecido una versión manipulada de su vida, Giménez Arbe ha decidido publicar Me llaman El Solitario. Autobiografía de un expropiador de bancos. (Txalaparta), para contar la suya propia. Desde la cárcel de Monsanto (Lisboa) ofrece a este diario su única entrevista.

MIGUEL CIFUENTES, DONOSTIA.

Desmiente con rotundidad el asesinato de dos guardias civiles en Castejón (Navarra) y asegura ser víctima de una “auténtica conjura y prevaricación criminal”. “Pura razón de Estado”, opina. Giménez Arbe, que se autoreconoce como “expropiador de bancos”, nunca como ladrón o atracador, ataca con dureza al sistema capitalista y aboga por un inminente cambio de sociedad. Denuncia, además, ser objeto de constantes vejaciones en la prisión desde la que responde.

¿Llegó a creer que no lo cogerían?

Estoy convencido de que, por la simple investigación y trabajo policial, jamás habrían podido llegar hasta mí. La realidad es muy diferente de lo que se puede ver en las películas, en las que los agentes son retratados como concienzudos y hábiles investigadores. Salvo en los casos en los que el infractor se pone a la altura de su torpeza y desidia, la policía necesita de informadores y chivatos. Sólo así consiguen, y a medias, sus objetivos.

En su caso lo consiguieron.

En mi caso tuvieron que recurrir a la delación popular con el concurso activo de Falsimedia (usa este término para referirse a los medios de comunicación), utilizando como pretexto la muerte a tiros de dos guardias civiles, de la que soy inocente. Sólo por las expropiaciones, los rectores de este país de las maravillas no autorizaban a desatar la caza de brujas que se desató en mi contra. Y aún así, en tres años la policía ni tan siquiera se acercó a mí.

Hasta que lo hizo.

La intervención de mis teléfonos y la colocación en mi furgoneta de una baliza que transmitía sus coordenadas fue, al final, lo que les acercó. Pero tuvo que ser la Policía portuguesa, que goza aún de más libertad de acción, la que, siguiendo órdenes de la española, me detuviera. Ésta no lo hizo porque temía volver a hacer el rídículo y prefirió delegar en sus cómplices lusos el trabajo sucio.

Insiste en su inocencia por la muerte de dos guardias civiles en Castejón, pero la sentencia de la Audiencia de Navarra y posterior confirmación del Tribunal Supremo es clara. Culpable y 40 años.

Muy a pesar de esa sentencia y confirmación, por cierto en tiempo récord, soy inocente de la muerte a tiros de los dos guardias civiles de Castejón. El autor fue mi ex compañero Paul Cortichiato. La investigación y el juicio fueron una auténtica conjura y una prevaricación criminal. No sólo no se quisieron investigar, en apariencia, todos los datos que yo aporté, sino que se cometieron deliberadamente todo tipo de irregularidades tendentes a culpabilizarme y provocar mi indefensión.

¿Qué irregularidades?

Entre otras cosas, no se aportaron los perfiles de ADN encontrados en la munición con la que se acabó con la vida de los dos guardias civiles, que no se correspondían con el mío, y hubo muchas discrepancias obviadas. El testigo que había visto cómo disparaban a los guardias civiles no me reconoció en el juicio; la persona que dijo haber observado al autor del tiroteo desde su volante no iba conduciendo según otro testigo y no pudo, por lo tanto, haberlo hecho; y hubo grandes diferencias sobre el modelo y el color del vehículo desde el que se disparó. Pero lo auténticamente indignante fue el testimonio absolutamente contradictorio de la mujer que decía haberme reconocido tres años antes en una carretera entre Ágreda y Valverde.

¿Dónde está la contradicción?

Se presentó a la Policía una semana después de mi detención, cuando mi imagen ya llevaba una semana difundiéndose, y dijo haberme visto tres años antes a muchos kilómetros del control policial que, según una patrulla de la Guardia Civil, yo me había saltado a esa misma hora en Buñuel (Navarra). Y está claro que no tengo el don de la ubicuidad.

Usted defiende su no autoría atribuyéndosela a Paul Cortichiato, muerto hace tres años. Desde fuera puede resultar sospechoso eso de culpar a alguien que ya no está. Además, nada se ha probado. ¿Por qué?

En el juicio, al representante de la acusación particular se le escapó que Cortichiato estaba muerto. Yo le escuché incrédulo porque pensaba que era una argucia más por parte de la Justicia inquisitorial que me juzgó, pero sus palabras reflejaban que sí se habían investigado mis declaraciones. Lo que ocurre es que lo que había no convenía a los intereses de todos aquellos que ya habían decidido condenarme de cualquier forma. La muerte de Cortichiato, ametrallado, como he sabido después, desde un vehículo en marcha el 29 de mayo de 2006, evidenciaba su existencia, lo que daba razón a mis declaraciones, pero también que no podrían llamarle a declarar. Y eso no interesaba ni a la Guardia Civil ni a la Judicatura. Decidieron decir que mi declaración era “rocambolesca”.

¿Se considera una víctima?

En realidad, todo mi proceso y condenas subsiguientes sólo se entienden en clave política. Y la política a seguir en mi caso era condenarme a cadena perpetua, con o sin pruebas. Pura razón de Estado. De Estado cleptocrático sin derechos. El hecho de privarme de un juicio con jurado popular, con base en triquiñuelas jurídicas, obedecía a no tener ni una prueba sólida en mi contra. Un jurado popular habría exigido que mi versión fuera comprobada.

¿Piensa que su situación sería otra de haber habido jurado popular?

Estoy absolutamente convencido de que sí. Era necesario hurtar a la ciudadanía el poder decidir acerca de mi culpabilidad. No les bastaba con haberme difamado hasta el paroxismo. No les bastaba con haber hecho registros ilegales en la casa donde vivía y en la nave industrial donde trabajaba. En mi caso, se conculcó la Constitución Española en todos los aspectos, provocando mi indefensión; se fabricaron testigos; y se omitieron pruebas que hubieran, como poco, puesto en duda las acusaciones policiales y judiciales. Espero que en algún momento el Tribunal Constitucional o el Tribunal Europeo de Justicia revisen todo el proceso del que fui víctima. Yo soy inocente y ésa es la única verdad. Si alguien todavía cree que existe algo llamado Justicia, le invito a que tome cartas en el asunto y desmonte esta infamia.

Asegura que no ha matado a nadie, pero sí reconoce numerosos robos. ¿Cómo una persona que -según se recoge en el libro- sabe cinco idiomas, es músico, piloto de helicópteros, patrón de barcos y profesional de varios sectores llega a ser atracador de bancos?

Yo no soy un ladrón, ni un atracador, ni un salteador de caminos. Soy un expropiador de bancos, y a mucha honra. Considero que recuperar el producto de la explotación y el robo de los ciudadanos practicados por émulos de Ali Baba y los 40 ladrones, como son los bancos privados y su hermano mayor de la cofradía de los mangantes, el Estado, para dedicarlo en parte a la acción social y revolucionaria (enviaba parte de su dinero a movimientos que él consideraba justos), no es un delito ni un crimen. Es mera justicia social. Ya lo dice el viejo refrán: “el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón”. En cualquier caso, una cosa es la formación personal y profesional y otra la acción revolucionaria.

¿Qué quiere decir?

Si lo hubiera deseado, posiblemente habría sido un empresario de éxito. Pero siendo así estaría ligado a un sistema social en el que no sólo no creo, sino al que he combatido toda mi vida. Ni el dinero ni el prestigio ni la posición social han tenido nunca el menor interés por mi parte. Mi interés y lucha se han volcado siempre en la consecución de una nueva y diferente sociedad.

¿En qué momento surgió “El Solitario”? ¿Cuándo pasó Jaime Giménez Arbe a ser ese atracador o “expropiador” de bancos?

El Estado policíaco vigente en las Españas sitúa el inicio de mis actividades como expropiador de bancos hacia 1993, pero es falso. Empecé mis actividades revolucionarias en 1978. Desde el inicio hasta mi detención transcurrieron 29 años. Tres décadas siendo un fantasma, un virus indetectado para las variadas estirpes de policías europeos. En cuanto al nombre, no recuerdo cuándo Falsimedia comenzó a llamarme El Solitario.

¿Cómo era su vida? ¿Cómo evitó ser capturado durante tantos años?

Tuve periodos de latencia y de poca o ninguna actividad. Alterné épocas de actividad febril con épocas de trabajo en diversos países de África y América. También fundé una familia. En realidad, el éxito de mi acción revolucionaria y la enorme dificultad encontrada por la policía en identificarme se basó en algo sencillo: yo soy un obrero, orgulloso de serlo y de pertenecer a mi clase. Siempre trabajé, en ocasiones ganando un buen salario. Sólo a veces dejaba temporalmente de trabajar para desempeñar acciones que sólo parcialmente eran expropiaciones de bancos. Inmediatamente después volvía a trabajar. Llevaba, en la medida de lo posible, un perfil muy discreto.

La imagen de su detención todavía sigue grabada en la memoria de quienes la presenciaron. “Hola a todos, soy “El Solitario”. ¡Salud! Españoles”. ¿Por qué esas palabras?

De aquel momento no recuerdo mucho, pues todo fue muy rápido. Pero el significado de mis palabras es claro. Por un lado saludaba a la gente y, por otro, reconocía mi pertenencia al mundo libertario. De ahí la palabra salud. ¡Salud y anarquía!

Lleva más de dos años en la cárcel. ¿Cuál es su situación actual?

La de un enemigo del Estado asumido como soy yo. La peor. La lógica del Estado es engañar al incauto. Llevarle por el camino trillado que le haga asumir la bondad y magnanimidad del sistema estatal capitalista. Al que el Estado considera utilizable, en su infinita bondad le aprieta el pescuezo con un guante de terciopelo. Al que, por el contrario, ve como un peligro, como alguien a quien no puede engañar, le aplasta con saña el cuello con su garra de acero, pero sin guante de terciopelo. Llevo más de dos años siendo torturado con el aislamiento y la incomunicación. En ocasiones soy golpeado, siempre vejado y humillado. Afrontando condenas durísimas. Sin derechos, esperanza ni futuro. Pero aquí estoy, bien lúcido y consciente.

¿A pesar de qué?

Si lo que pretenden es despersonalizarme y debilitarme destruyéndome lenta y gradualmente, sólo están consiguiendo lo contrario de sus nefastos propósitos. Mi conciencia personal y política son hoy más fuertes que nunca. En cualquier caso, lo que yo paso aquí es nada comparable a lo que está pasando mi compañero y amigo libertario Amadeu Casellas Ramón, que después de más de tres décadas de prisión salvaje y embrutecedora está llevando una huelga de hambre hasta el final. Es hora de que recupere su libertad.

¿Algún mensaje a la sociedad?

Que este monstruo infame que es el capitalismo es ya un cadáver putrefacto y en descomposición. De nada le va a servir el reciente balón de oxígeno que los Estados democráticos y de Derecho le han administrado con el dinero del expolio, el paro, la pobreza y las múltiples carencias que la sociedad está sufriendo. Los explotadores recuperarán sus pérdidas gracias a su dinero. Pero más pronto que tarde vendrá otra crisis, consecuencia de su sed infinita de dinero y poder. Entonces le volverán a saquear las alforjas. Todo para su propio bien. Porque si ustedes son pobres es porque les gusta.

¿Usted cree?

Su propio masoquismo les lleva derechos hacia el agujero negro de la nada. Pero en sus manos está cambiarlo todo. Hoy en día la insurrección es una obligación y la creación de una nueva sociedad más justa, más solidaria y creativa un imperativo. Encerrarse en uno mismo y no alzarse contra el actual estado de cosas puede ser muy práctico, pero no va a servir de nada. Una persona que combate puede ganar o perder. Si no entra en combate ya ha perdido la batalla. Sin remisión. La tarea es difícil pero les podemos derrotar, sólo necesitamos hacerlo una vez.

¿Tiene algún botín escondido?

El único botín que conozco posee varios bancos y empresas. Y tiene el producto del expolio bien guardado en paraísos fiscales. Mi único tesoro escondido son mis recuerdos, cultura y fe revolucionaria. Y esos, lamentablemente, no cotizan en bolsa.

Mucho se ha hablado de “El Solitario”, pero no tanto de Jaime Giménez Arbe. ¿Quién es la persona oculta tras el personaje?

Alguien normal. Con aciertos, errores, contradicciones y dudas. Una persona idealista y luchadora. Siempre he pensado por mí mismo y me he levantado contra toda opresión e injusticia. Y he obrado, en la medida de mis modestas fuerzas, contra el eje del mal, el que nos roba nuestra identidad, libertad y futuro: el sistema capitalista y el Estado. Se ha hablado mucho sobre el personaje esperpéntico de El Solitario, pero es poco o nada lo que se conoce de mí.

¿Por eso ha escrito el libro?

Deseo que las personas normales, contrastando la información tendenciosa y distorsionada del Estado, puedan tener información relevante y objetiva y elementos de juicio que les permitan pensar por sí mismas y sacar sus conclusiones. Quiero que el libro se divulgue y se traduzca a otras lenguas, yo no quiero nada para mí. He tenido importantes ofertas de grandes editoriales, con las que podría haber hecho grandes contratos, pero no me interesa. Renuncio de antemano a cualquier remuneración. Sólo quiero que Txalaparta lo difunda por el mundo.

¿Quién es, según Jaime Giménez Arbe, El Solitario?

Una creación esperpéntica de algún creativo guardia civil de la unidad central operativa en connivencia con policías-periodistas a sueldo del fondo de reptiles del Ministerio del Interior. En el fondo, no deja de ser una maniobra para distraer a la ciudadanía y confundirla acerca de sus auténticos problemas. Salvando las distancias, el personaje de El Solitario viene a representar en esta democracia oligárquica lo mismo que el de El Lute en los compases finales, pero nunca acabados, de la dictadura criminal de Franco. En cuanto al nombre, afortunadamente no me apodaron El Globalizador Depredador, El Banquero Esquilmador, El Politicastro Corrupto o Caperucito Rojo.

El libro revela un pasado vasco desconocido (sus padres son donostiarras, su padre luchó contra los franquistas en Euskadi y él pasó mucho tiempo en la capital guipuzcoana). ¿Qué significado tiene para usted?

Yo soy internacionalista por esencia, pero mi patria pequeña, mi familia, mi hogar, es Euskal Herria. En ese sentido, estoy a favor de la liberación de todos los pueblos del mundo subyugados por otros pueblos y Estados y de la total independencia de mi familia y hogar: Euskal Herria. Tengo recuerdos imborrables de mis visitas a Donostia y del cariño de mi gente. Fueron veranos mágicos.

¿Cómo influyó en su formación la ideología comunista de sus padres?

Recibí los anticuerpos contra la dictadura y contra la injusticia social y política desde la misma leche materna. Luego, los efectos del tardofranquismo y su dictadura tuvieron una notable influencia. Hoy, la sociedad de las Españas asiste impávida a un rebrote de las estructuras que dieron cohesión al régimen de Franco, pero con una gran diferencia. Entonces, la dictadura y su oligarquía se sentían intranquilas y eran repudiadas por Europa. Hoy, con esta dictadura barnizada de democracia, los fascistas reconvertidos en demócratas se sienten más fuertes que nunca. Pero estoy convencido de que esta situación no podrá ser eterna y de que será necesaria una fuerte conmoción para que haya un cambio real.

¿En qué dirección?

Se torna más necesario que nunca acabar de una vez por todas con el Estado en sí y con los pilares que lo sustentan. No son reformas de una estructura corrompida y minada de lo que se necesita, sino del advenimiento de un nuevo tipo de sociedad.

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